lunes, 20 de junio de 2016

La escuela que queremos



 Al plantearse la escuela que queremos, se deben tomar en cuenta un sin número de características que configuran una visión, individual, de lo que se necesita hoy en día. Sin embargo se debe llegar a un consenso para delimitar ciertos componentes en común a nivel global. Partiendo de la idea que el objetivo final de la educación es que los estudiantes logren un desarrollo de capacidades, competencias y sobre todo el conocimiento significativo, los componentes relacionados con el establecimiento, los materiales utilizados, planta docente, contenido y demás, tienen que estar enfocados e interconectados para lograr este fin.
En lo referente a la infraestructura, resulta conveniente que la unidad educativa sea lo suficientemente extensa para que los estudiantes puedan utilizar espacios educativos que satisfagan sus necesidades biológicas y recreativas. Las aulas deben ofrecer un espacio conveniente para el ejercicio del aprendizaje, deben reunir las condiciones adecuadas que permitan la movilidad libre y participativa, cabe recordar que el aprendizaje se desarrolla mediante la acción de actividades que impliquen movilidad y también la interacción entre los estudiantes. Las herramientas que se puedan utilizar, sean didácticas o tecnológicas, deben ser coherentes con el tema a tratar. El docente debe ofrecer diferentes medios de información y selección de contenido para contribuir con la herramienta utilizada, pues ésta no debe ser la única encargada de integrar la teoría al grupo. El contenido a tratar debe ceñirse obligatoriamente con el currículo del Ministerio de Educación pero esto no exime que el docente pueda hacer una diferenciación del tratamiento de los temas del año escolar. La misma situación sucede con la calificación que mide el desarrollo del estudiante (escala de 1 a 10).
A criterio personal, se considera que el docente (en el centro de estudios) y la familia (en la casa) son los encargados de lograr que el niño establezca su aprendizaje, y que sea significativo. Son los componentes más importantes que construyen una “escuela ideal” porque los demás resultan circunstanciales. Es decir, si se tiene un docente capaz de utilizar los recursos que posee e integrarlos a su contexto, propondrá herramientas, métodos, recursos y actividades que realmente sean significantes para cada estudiante. Si el docente está debidamente capacitado, domina el contenido o sabe realizar búsqueda coherente de información, podrá responder a diferentes escenarios que se
presenten. Las regulaciones o planificaciones gubernamentales no se convertirán en limitantes porque sabrá responder con ideas diferentes para tratar el contenido y acciones que se encuentren dentro de la normativa. Si el docente sabe conducir el trabajo grupal o individual de la clase, puede contribuir al desarrollo de inteligencias múltiples en cada estudiante. No será este quien dirija de forma directa la clase, sino será un mediador que se integrará en cada trabajo o proyecto para ofrecer pautas que se enfoquen al objetivo trazado. La educación responde al contexto social donde se desarrolla, en este sentido el docente que se actualice metodológicamente y en el uso de la tecnología, podrá integrarse más en la dinámica grupal de su aula porque tendrá los medios para ofrecer clases más completas en contenido, método y forma. Si el docente logra integrarse a esta dinámica tendrá más recursos para la evaluación que debe realizar. Si está observando el trabajo que se realiza en cada estudiante o grupo, será consiente de la evolución que muestra cada estudiante basándose en sus propios criterios e indicadores. Esto hace más fácil las tareas de auto y co-evaluación, porque habrá generado un grupo colaborativo. Tomando en cuenta esto, el docente podrá realizar la asignación de una calificación  más integradora y no basada en un examen.

La acción que puede realizar un docente hacia el estudiante y estos entre sí, se limita a la hora de salida. En este momento entra en juego el siguiente componente que es la familia. El aprendizaje que se desarrolló en la escuela debe ser reforzado en la casa. La familia debe estar integrada al objetivo educativo de la clase y contribuir, desde su acción, con el docente realizando un trabajo conjunto a favor de cada estudiante. La familia puede contribuir con el tratamiento del contenido (comunidades de aprendizaje) al realizar exposiciones inclusivas de profesionales, la evaluación comunitaria y de igual forma  con los requerimientos que necesiten los estudiantes que presenten discapacidad.


Sin duda la visión de la escuela que queremos se la puede realizar desde varias aristas, sin embargo existen muchas limitantes que se escapan de las manos de los actores principales del proceso de aprendizaje. Existen muchos ejemplos de unidades educativas que no son consideradas “actualizadas” pero que han sabido utilizar lo que tienen a la mano para ofrecer lo mejor a sus estudiantes. Obtienen graduados con un nivel académico relevante (resultados de evaluaciones nacionales e internacionales) pero, si dejamos a un lado esos resultados, se puede observar que muchas personalidades que contribuyen al país, salen de estos establecimientos. También es importante recalcar la labor de los docentes porque les lleva a desarrollar una inventiva extraordinaria para cumplir su función. Al igual que resaltar ese sentido de querer cambiar las cosas de su contexto, impulsándoles a tomar medidas a  favor de su comunidad con la perspectiva de la importancia de su trabajo y de saber que se está forjando a la sociedad del futuro.    

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